Baños fríos o retos con frío… 1ª parte

Los beneficios de ducharse con agua fría por la mañana, ya sabéis que son muchos, nos activa y despeja. Los receptores térmicos y las neuronas situadas en la piel se activan para mandar un mensaje de alerta al resto del sistema, generando una respuesta por parte del organismo en forma de activación generalizada ante el frío, a nivel cardiovascular: ante el frío nuestra tasa cardíaca aumenta y se contraen los vasos sanguíneos, también aumenta los niveles de oxígeno de nuestro cuerpo. La sangre viaja a gran velocidad y cargada de oxígeno a los órganos principales y a los músculos, mejorando la circulación, ADEMÁS aumenta el nivel de actividad mental y con ello la productividad. A nivel estético mejora la retención de líquidos, el drenaje linfático, tersa y oxigena la piel y hace que se caiga menos el pelo.

¿Entonces porque no lo llevamos más a la práctica?

Muchos de los inventos SOLO SON capas de aislamiento entre nosotros y la naturaleza. Con frecuencia, el objetivo de estas capas adicionales es hacernos sentir más ‘cómodos’. No hay nada malo con la comodidad per se, pero cuando sentirse cómodo es nuestro objetivo de vida, perdemos algo valioso. El problema con una sociedad más que acomodada, es que cuanto más nos aislamos de la naturaleza, cuanto más dependemos de apoyos externos para realizar actividades que nuestro cuerpo podría hacer por sí mismo, más sufre nuestra salud. Somos hijos del hielo (VER PELI ALPHA). Pasamos buena parte de nuestra evolución en el último período glacial. Nuestro cuerpo no sólo está bien adaptado al frío, sino que lo espera.

Al ‘eliminar’ el invierno (con plumones, ropa térmica, calefacción central, asientos de coche calefactados, zapatos de suela gruesa…) nos desconectamos del ‘estrés térmico’. Y cada vez hay más evidencia de que esto juega un papel relevante en la epidemia de obesidad de las últimas décadas, siempre después del gran problema principal que es la alimentación y de nuevo otro secundario de sociedad cómoda: el ejercicio físico. Nuestro cuerpo prospera con más variabilidad, menos rutina. En el ejercicio, en la comida, y también en la temperatura. Rétate y ponte en marcha, siéntelo como un desafío, aumenta tu sensación de autocontrol, autoeficacia y autoestima; no os lo penséis: duchas, baños, correr en pantalón corto, entrena al aire libre 2 veces en semana, vete a andar por la montaña con ropa fina…las duchas escocesas son estupendas cada mañana, son un chute de energía y una buena forma de empezar. Esto no solo mejorará vuestra capacidad física, también mental, por otra parte la recuperación de lesiones es mucho mayor, reduce la inflamación y mejora el sueño. Todo es empezar, cada vez podrás aguantar más tiempo, o con más frío, sin tiritar ni agobiarte o sufrir, ya que la adaptación logra activar por más tiempo la grasa parda, antes de pasar a la siguiente línea de defensa, los escalofríos, cuando el cuerpo contrae rápida y repetidamente los músculos para generar calor.

Mejora la quema de grasa y absorción de glucosa por parte de los músculos gracias en parte a la mayor activación de la hormona adiponectina ante la exposición al frío. Niveles bajos de esta hormona están ligados a obesidad, diabetes, y más enfermedad cardiovascular. Fortalece el sistema inmunológico: Si bien es posible que una exposición prolongada al frío debilite la función inmunológica, parece claro que exposiciones cortas e intensas lo robustecen a la vez que aumentan la presencia de ciertos antioxidantes, como el glutatión. El frío, al igual que muchos de los estresores de los que hablamos generalmente: ayunos intermitentes, ejercicio, exposición a bacterias… genera una adaptación positiva, hormesis, sería la habilidad de un organismo de fortalecerse cuando es sometido a estrés.  Alarga la longevidad de las células, previniendo la ruta mTOR e incentivando la autofagia (eliminación de la ‘basura metabólica’ de las células), de manera similar a lo que se logra con ayunos intermitentes. Muchos de los que existen todavía son en ratones, pero es una línea de investigación prometedora.

Disminuye el dolor asociado a diferentes condiciones, como la artritis a través de la estimulación de la noradrenalina.

Mejora síntomas de depresión leve, estimula la secreción de ciertos neurotransmisores como la noradrenalina que nos hace poder estar atentos y ágiles. la producción de noradrenalina en el cerebro, lo que en último término va a generar una mayor activación y una leve mejoría del humor, aliviando estrés y la ansiedad. Otros estudios indican que también genera una disminución del nivel de cortisol, que como ya sabéis es la hormona del estrés.

La fertilidad es otro de los aspectos que se ve influido por el hecho de ducharse con agua fría. El frío estimula la secreción de testosterona, lo que a la larga tiene un efecto en la líbido y la capacidad de respuesta sexual.

Acelera bastante el metabolismo ya que para el cuerpo mantener la temperatura corporal es lo más importante después de obtener oxígeno. Necesita esos 36.5ºC (+/- 1ºC), y cualquier desviación es alarmante.  Por eso tiene mecanismos para mantener ese rango térmico a toda costa, pero deben ser activados de vez en cuando, de lo contrario, se atrofian. Por supuesto que consumimos reservas cuando pasamos frío, pero igual que el cardio en ayunas sus beneficios continúan después de la exposición, por un cambio metabólico.  

CONTINUARÁ…

2019-02-17T21:52:59+00:00

Leave A Comment